Contaminación sonora en Buenos Aires, un agente invisible de trágicas consecuencias

Buenos Aires, 4 de diciembre de 2008 (RENA). La contaminación acústica no deja un impacto reconocible en el ambiente, a diferencia de otros contaminantes. Sin embargo, origina perjuicios como disminución de la capacidad auditiva (hipoacusia), problemas digestivos, insomnio, problemas para lograr la concentración y disminución del rendimiento escolar y laboral. Es uno de los factores que contribuyen a la aparición de stress en la humanidad. La ciudad de Buenos Aires sufre sus consecuencias en grado extremo y su principal foco de ruido “es el transporte”, aseguró la directiva de una fundación a RENA.
Las 136 líneas de colectivos que circulan por el área metropolitana, 200 mil camiones de carga diaria y cerca de un millón y medio de autos, generan daños en la salud que son “son graves y cotidianos” y, toda persona que transita en la Ciudad “puede tener con el tiempo pérdida auditiva. La pérdida auditiva es irreversible”, informa Silvia Cabeza, presidenta de la Fundación Oír Mejor a esta agencia.
Con una opinión similar, el vicepresidente de la Sociedad Panamericana de Otorrinolaringología (SPO), Héctor Ruiz, explica que “en las poblaciones de envergadura se pierde la audición anualmente por ruido y son esenciales los factores educativos y las reglas de convivencia” que pueden aumentar o disminuir los registros de ruido. Recuerda que el oído no se puede cerrar como los ojos, “siempre está”.
Las grandes urbes crecieron en población, tránsito y las costumbres de consumo cambiaron en los últimos años, sumado al gran auge de las novedades tecnológicas. Cuando en la década del ’80 se llevaba la música en walkman y los cassettes registraban en general 16 temas sonoros, hoy todo cambió y las nuevas tendencias en el mercado de la música permiten poder contar con un número alto de música que antaño resultaban impensados, en un pequeño aparato. También la comunicación telefónica portátil como son los celulares en su mayoría tienen incorporado un mp3. Teniendo en cuenta que pueden llegar a 105 Decibeles (dBA) en su uso, no producirán daño sólo si se usa menos de cuatro minutos a esa intensidad.
Los niños y adolescentes de hoy que tienen un uso intenso de estos reproductores serán “una generación de hipoacúsicos” afirmó la científica ganadora del Premio L’Oréal – UNESCO 2008, Ana Belén Elgoyhen. Agregó además que el 20 por ciento de la población mundial sufrió alguna vez de tinnitus, acúfenos o también llamados zumbidos, mientras que el 1 por ciento padece en la actualidad de ésta situación. Las células que se encuentran en los oídos mueren y no se regeneran.
Esté cuadro de situación presenta una faceta buena: se puede predecir la pérdida auditiva a través de la educación.

Aulas ruidosas
Con la intención de investigar si la contaminación sonora produce efectos contraproducentes en la población escolar, en especial los efectos relacionados al incremento de respuestas agresivas tanto en niños como en adultos, la docente Patricia Kieffer con más de veinticinco años en el ejercicio de la profesión llevó a cabo un estudio que presentó en el ‘Primer Congreso Internacional de Acústica, organizado por la Universidad de Tres de Febrero’ realizado en el mes de junio. Pionera en lo que a estudios de este tipo se refiere, Kieffer sostuvo que “uno de los espacios en los que debería haber mejor acústica por la relevante función que cumple y el tipo de población que alberga, es la escuela. Sin embargo, los establecimientos educativos, su instalaciones y su mobiliario están en pésimas condiciones en cuanto a calidad sonora se refiere donde las fuentes de ruido superan los umbrales básicos estipulados por parámetros normales: timbres estridentes, bancos, mesas y sillas con patas metálicas que raspan y golpean, pisos huecos de madera, ambientes, pasillos y patios techados con material de chapa que resuena con las lluvias”.
No sólo los nuevos edificios presentan problemas sino que aquellas edificaciones de más de cincuenta años cuya construcción consiste en paredes gruesas y techos altos registran las consecuencias del paso del tiempo en deterioros de la edificación y “el alto poder de reverberación hace que el sonido siga oyéndose mucho después de cesada la fuente. Esto hace que las voces de los alumnos provoquen una cacofonía muy molesta; además, el alto nivel de voz en que se comunican la mayoría de los estudiantes y docentes, crea una caja de resonancia que aumenta la reverberación del griterío en los recreos, en las aulas y pasillos y muy especialmente en los recintos cerrados del comedor, provocando un evidente malestar en las personas que allí se encuentran. Gritan los alumnos, gritan los maestros intentando hacerse escuchar y el ambiente sonoro se transforma en una tortura”, explica la docente que llevó a cabo el trabajo de investigación que implicó a dos escuelas de nivel primario de la Ciudad de Buenos Aires, una de ellas ubicada en Barrio Norte y otra en Caballito.
“El nivel sonoro del ambiente escolar supera notablemente lo que se aconseja según estándares internacionales. Esto fue comprobado con las mediciones realizadas a través del uso del sonómetro. Pocas escuelas están construidas y equipadas para garantizar el aislamiento acústico. Las consecuencias inmediatas son visibles: chicos desatentos, que pierden rápidamente el interés y se dispersan, actitudes y comportamientos que se suman en creciente agresividad, exacerbada por el permanente estímulo de la violencia acústica, docentes agotados, con gargantas que al fin del día se han deslizado sobre un áspero campo de batalla y cerebros a punto de estallar. El culpable de este cuadro no es otro que el ruido, un reconocido factor de estrés que irrita, aumenta la inseguridad y disminuye la concentración”, explicó Kieffer.
Como ejemplo de la actual realidad que afecta a las escuelas, la docente investigadora sostuvo que “en la experiencia hecha en un aula externa de una escuela primaria pública ubicada en Avenida Las Heras, las mediciones de ruido de fondo fueron elocuentes. Para un parámetro de ruido de fondo promedio, tomado como curvas NC, cuyo valor máximo permitido es de NC 35, la medición arrojó valores de NC 63, casi el doble”.

Dispositivos técnicos
El uso de reproductores de música y celulares tiene diversas consideraciones en los expertos. Para el director del Centro de Investigación y Transferencia en Acústica (Cintra), de la Universidad Tecnológica Nacional, en Córdoba, Mario Serra el uso de los mismos “no es riesgoso. El riesgo para la salud auditiva -originado en la escucha a altos niveles sonoros- reside en el nivel del ruido ambiental del lugar donde son escuchados estos dispositivos personales de reproducción musical”.
Por su parte el titular de la SPO, Héctor Ruiz, sostiene que “el mal uso de estos equipos, entiéndase mucho tiempo de uso, con auriculares de inserción, escuchar la música a muy alta intensidad, provoca una hipoacusia producida por ruido ó un trauma acústico.
Entre la población joven y adulta, uno de los principales problemas que se observan en los consultorios, fuera de las patologías habituales, son los trastornos por el uso de auriculares marcados por la potencia, calidad y tiempo, con el MP3, MP4. Ésta es una enfermedad introducida”.
“Con el auricular puesto adentro del oído, el sonido entra directo, no tiene salida, tiene una reverberancia en las paredes del conducto, y lo peor es que cuando salieron los Ipod tenían una frecuencia de hasta 115 decibeles, y el oído se puede lesionar a partir de los 85 decibeles”, dijo el titular de la SPO.
Ante el alto consumo, la duda que se presenta es si existe conciencia por parte de los jóvenes de la importancia del cuidado auditivo, según el director de Cintra, Mario Serra “hay adolescentes que están concientes de los peligros de estas exposiciones y se cuidan o toman algunas medidas preventivas. Sin embargo hay otros grupos numerosos de adolescentes que también son concientes, pero creen que eso es para otros: no para ellos ya que se consideran fuertes, resistentes”.
Argentina no cuenta con datos estadísticos sobre la materia, es por ello que la científica ganadora del Premio L’Oréal UNESCO 2008, Ana Belén Elgoyhen retoma datos provenientes de Estados Unidos para afirmar que no se está muy lejos de ésta situación y observa que “la mala noticia es que 30 millones de personas sufre de hipoacusia en ese país, mientras que 50 millones padecen de tinnitus que también es un indicador precoz de hipoacusia.
En Norteamérica 5.2 chicos entre 6 y 19 años sufre pérdida auditiva como consecuencia de la exposición a ruidos intensos y durante los últimos diez años el porcentaje de estudiantes de segundo grado con pérdida auditiva aumentó casi tres veces y en octavo grado más de cuatro”.
Elgoyhen recuerda que “el daño depende de la exposición y es acumulativo pero, una vez que la pérdida auditiva se ha instalado es muy difícil revertirla”.

Mapa estratégico de la Ciudad

Entorno al Diagnóstico del Mapa de Ruido hecho en el 2005 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la codirectora de la redacción de la Ley de Ruido (Ley 1540) y presidente de la Fundación Oír Mejor, Silvia Cabeza aseguró que “el principal foco de ruido es el transporte”.
La investigación realizada consideró los barrios de: Almagro, Balvanera, Barracas, Belgrano, La Boca, Colegiales, Constitución, Montserrat, Palermo, Puerto Madero, Recoleta, Retiro, San Nicolás y San Telmo. Fueron aproximadamente 507.000 habitantes y también se consideró a 5 hospitales públicos y más de 200 escuelas.
Los niveles de ruido comparativos en horarios diurnos y nocturnos no registran gran diferencia, porque por ejemplo en la Avenida Montes de Oca por la mañana los niveles de ruido se registran entre 75 a 80 dBA (decibeles) mientras que por la noche varía en la franja de 70 a 75 dBA.
Los residentes de la zona considerada para la observación manifestaron a través de una encuesta que el ruido más molesto es el de los colectivos, en tanto un 13.2 por ciento consideró que el ruido en su cuadra es bajo y consideró que los lugares más ruidosos son las grandes avenidas, la zona de aeroparque y el subterráneo. El 94 por ciento de los encuestados tiene gran desconocimiento ante el ruido.
El personal médico de hospitales públicos y privados que fueron tenidos en cuenta en la muestra expresó que el ruido más molesto en los nosocomios corresponde a los colectivos, en tanto que otros ruidos corresponden a familiares, limpieza, mantenimiento, camillas, teléfonos y gritos. Las salas más ruidosas son las de resonancia magnética nuclear, los rayos X, diálisis, respiradores y bombas. Los trabajadores del sector de la salud, también consideraron que los efectos no auditivos son las alteraciones en el sueño, estrés, cansancio, agotamiento, entre otras repercusiones.
Actualmente en la CABA existen 136 líneas de colectivos con una antigüedad de doce años, donde se debe incluir también a: 15 mil unidades que circulan por el área metropolitana, 200 mil camiones de carga diaria, un millón y medio de autos de uso particular, sin olvidar trenes, subterráneos y aviones.
La estructura modal en el transporte presenta los siguientes registros: 52 por ciento de ómnibus, 36 por ciento automóviles, 7 y 5 por ciento de ferrocarriles y subterráneos, respectivamente.
Según informaron desde la Agencia de Protección Ambiental de la CABA, está previsto que para el año 2009 se cuente con el mapa de calidad de ruido junto al de calidad de aire de la ciudad a través de la realización de una red de monitoreo en tiempo real en la urbe, donde trabajarán 41 estaciones fijas y 3 móviles para la medición. Asimismo, adelantaron que se trabaja en la articulación con la Dirección de Otorgamiento de Licencias la difusión y capacitación en esta materia, donde se pretende incorporar una sección sobre la problemática del ruido en los manuales de conducción.
Cómo afecta a los chicos
La Ley 1540 de Control de la Contaminación Acústica aprobada en el año 2007, tiene por objeto “prevenir, controlar y corregir la contaminación acústica que afecta tanto a la salud de las personas, al medio ambiente y a las edificaciones, protegiéndolos contra ruidos y vibraciones provenientes de fuentes fijas y móviles, así como regular las actuaciones específicas en materia de ruido y vibraciones en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”
La ley es de aplicación a cualquier actividad pública o privada y, en general, cualquier emisor acústico sujeto a control por parte del Gobierno de la Ciudad que “origine contaminación por ruidos y vibraciones que afecten a la población, al ambiente o a las edificaciones y esté emplazado o se ejerza en el territorio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sin perjuicio de lo establecido por la legislación vigente en materia de seguridad e higiene en el trabajo y otras normativas de aplicación”.
De amplio espectro de acción la ley considera como zona de Alta Sensibilidad Acústica al sector hospitalario, el cual requiere una especial protección contra el ruido. Un avance en materia de prevención en los recién nacidos es el Programa de Pesquisa Neonatal de la Ciudad de Buenos Aires, cuya misión es prevenir el daño irreversible ocasionado por la enfermedad, mediante el diagnóstico y tratamiento precoz de patologías neonatales inaparentes. La metodología de trabajo consiste en la extracción de unas gotas de sangre que se obtienen del talón del bebé dentro de las 72 horas de vida, se descubren distintas enfermedades que pueden ser tratadas rápidamente.
Entre las enfermedades que se pueden detectar se encuentran: Hipotiroidismo, Hiperplasia Suprarrenal Congénita, Fibrosis Quística, Fenilcetonuria, Galactosemia, Deficiencia de Biotinidasa, Retinopatía e Hipoacusia del recién nacido, Enfermedad de Chagas y Sífilis y otras anomalías metabólicas, genéticas o congénitas. El Programa de Pesquisa Neonatal (PPN) fue creado en el año 2000 por la Coordinación de Redes de Salud del Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad pero advierte la presidenta de la Fundación Oír Mejor, Silvia Cabeza que el Programa” está enfocado a examinar a los niños para saber si nació con una audición sana y no para saber si en el lugar donde están los bebés existe ruido. Se enfoca a analizar la salud de cada bebé no el entorno donde está”.
Actualmente no existen registros estadísticos sobre contaminación acústica en las maternidades.
Todos los entrevistados coincidieron en afirmar que no sólo falta en Argentina campañas de concientización sino que además la población desconoce casi en su mayoría este tema. (Miriam Bobadilla)